
Tres personajes principales: un hombre atractivo y pobre, una inocente y rica heredera, y una mujer astuta y con gran influencia sobre la anterior, pero sin fortuna ni escrúpulos. Si esto no alcanza para mostrar la trama sólo debe añadirse una palabra: triángulo. El autor juega enseñando las cartas todo el tiempo, pero su maestría arrasa con los sentimentalismos y da lugar a una profunda búsqueda moral, al esfuerzo que realiza cada uno de los personajes principales por comprenderse a sí mismo.
Asistimos de este modo, con el corazón en la boca, a los pasos que dan las conciencias de los tres protagonistas, a sus renuncias a los juicios convencionales y al descubrimiento de una moral nueva, más auténtica, que dará sustento a sus apuestas finales.
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